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CAAL 2011 Frutillar

Neuntes Treffen der deutschsprachigen Gemeinschaften Lateinamerikas

Noveno encuentro de las comunidades de habla alemana de América Latina

Herbert Poppen:

50 años de Asociación Austríaca en Chile

El ponente, oriundo de Viena, vive desde hace 30 años en Chile. Herbert Poppen es ingeniero civil mecánico de profesión y presidente de la Asociación Austríaca en Chile.

El siguiente texto es elaborado por los coordinadores del encuentro como resumen con informaciones relacionadas al téma de la ponencia original en idioma alemán.


La inmigración austríaca

Los primeros austríacos que llegaron a Chile eran parte de los 427 tiroleses refugiados, quienes fueron expulsados por las autoridades a causa de su fe luterana desde su tierra natal, el valle del río Ziller, encontrando los exiliados refugio en la entonces Baja Silesia prusiana. Después de una escala de 19 años y de haber construido casas y granjas nuevas al pie de la montaña Riesengebirge, llamando esta colonia «Zillerthal», algunos de los tiroleses, sintiéndose todavía descontentos con las nuevas condiciones de vida,  se acogieron a los ofrecimientos de inmigración, realizada a la población alemana, por parte del Estado chileno de acuerdo a la «Ley de inmigración selectiva» de 1845. En 1856 las primeras familias tirolesas nuevamente emigraron, en búsqueda de una región en que pudiesen sentirse más como en su casa y que les ofreciera estabilidad permanente. En viajes sucesivos, fueron llegando al sur de Chile las familias Brugger, Fleidl, Hechenleitner, Heim, Klocker y Schönherr. Bartholomäus Kröll, conocido por su tiro de burros con el que se había traslado desde Tirol a Silesia, se asentó con su mujer y los 7 hijos más al norte, en la Colonia alemana Humán, cerca de Los Ángeles, en el límite de la en ese tiempo aún no vencida Araucanía de los Mapuches.

Con excepción de la familia del Bartholomäus Kröll, los inmigrantes tiroleses se establecieron, casi en su totalidad, a orillas del lago Llanquihue, mayoritariamente en la localidad de Los Bajos, algunos también en Frutillar y Totoral y después en Puerto Varas. Hasta el año 1860, unos 60 tiroleses habían abandonado Zillerthal-Erdmannsdorf en Silesia rumbo a Chile; el último de ellos los siguió en 1889. Aún hoy día se puede leer en una lápida del cementerio de Los Bajos la siguiente inscripción sobre la tumba de la inmigrante Therese Hechenleitner de Klocker:





 

 

 

 

Als Kind in Tyrolens Bergesluft

Als Jungfrau in Schlesiens Blumenduft.

Unter Kindern und Enkeln am stillen See

Fand sie Ruh im Lande Llanquihue.

 

De niña en la brisa montañesa de Tirol

De joven en el aroma floral de Silesia.

Entre hijos y nietos a orillas del tranquilo lago

Encontró la paz en la tierra del Llanquihue.

 

En Chile los tiroleses llegaron, junto a los demás alemanes, finalmente, a lo que sería su patria definitiva, transformando un lugar inhóspito y deshabitado en una región próspera, siendo hoy día una de las zonas turísticas más atractivas del sur de Sudamérica.

A propósito: Entre 1945 y 1946, los tiroleses que se quedaron en Silesia, tuvieron que abandonar junto a los demás habitantes alemanes, nuevamente, su patria, obedeciendo al destino impuesto para ellos como víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Desde la nueva expulsión, la colonia tirolesa en Silesia prácticamente se ha extinguido. ¡La chilena al contrario, con sus más de 600 descendientes, todavía vive!

Como consecuencia de la Guerra Austro-Prusiana (también conocida como Guerra Alemana entre hermanos), la que las tropas austríacas perdieron definitivamente en la batalla de Chlum el 3 de julio 1866, cerca de la ciudad checa de Hradec Králové (en alemán: Königgrätz), la situación económica de la entonces provincia austríaca de Bohemia se agravó dramáticamente. Muy afectada sobre todo estuvo la población del distrito de Braunau (hoy día en idioma checo: Broumov), donde la gente ya no pudo vender sus productos al otro lado de la cercana frontera, es decir, a la Silesia prusiana, lo que produjo un empobrecimiento total de mucha gente y como consecuencia un verdadero éxodo de su población. Más de 400 personas emigraron en la primera mitad de los años 70 del siglo XIX del distrito de Braunau sólo a Chile. Por ser católicos, estos inmigrantes a diferencia de los alemanes de fe protestante,  fueron altamente bienvenidos en Chile. A pesar de que el colono August Reinsch en 1875 hubiese fundado para 23 familias compatriotas cerca de Puerto Varas una propia colonia que la bautizó Nueva Braunau, la mayoría de los inmigrantes prefirió establecerse en la orilla meridional y occidental del lago Llanquihue o en la línea Pantanosa y en Quilanto.

Luego de la disolución del Imperio austro-húngaro en 1918, la inmigración austríaca continuó durante todo el periodo de entre guerras. A partir de 1938 Chile se convirtió en destino de muchos emigrantes austríacos de origen judío quienes abandonaron el país luego de la anexión de Austria por parte de la Alemania Nazi. En 1940 en Santiago emigrantes austríacos fundaron la asociación Austria Libre, que pronto contó con 2000 miembros y estuvo en contacto con otros grupos austríacos en el exilio de América. En 1943 Austria Libre se incorporó al Comité Central Austríaco de América Latina con sede en Montevideo.

Se estima entre 4000 y 5000 el número de austríacos que se habrían radicado en Chile en el transcurso del siglo XX. Actualmente, de acuerdo al censo de 2002, residen en Chile 576 inmigrantes austríacos.