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CAAL 2011 Frutillar

Neuntes Treffen der deutschsprachigen Gemeinschaften Lateinamerikas

Noveno encuentro de las comunidades de habla alemana de América Latina

Dr. Jorge Weil:

La colonización alemana y la fundación de Frutillar en 1856 hasta nuestros días

El ponente es profesor universitario para ciencias económicas e informática. Dr. Jorge Weil se ha dedicado intensivamente a la historia de la colonización alemana del lago Llanquihue y de la fundación de Frutillar.


Resumen

El trabajo entrega una visión global del desarrollo histórico de Frutillar desde la llegada de los colonos alemanes hasta nuestros días. En ella, se dejan establecidos los nexos que confluyen a crear las condiciones que posibilitaron, el surgimiento de «El Frutillar». Por un lado, conflictos políticos, religiosos y desfavorables condiciones económicas, impulsaron una fuerte emigración desde Europa Central hacia América a mediados del siglo XIX. Por otro lado, la colonización española había exterminado a los pueblos huilliches de la zona. La convergencia de estas dos tendencias, definen al Estado de Chile, a impulsar una política de colonización del borde del lago Llanquihue, con el objetivo de repoblar la región y entregarle continuidad al territorio nacional. En ese contexto, arriban en septiembre de 1856 a Melipulli, dos barcos con las primeras 33 familias que habían emprendido viaje desde el puerto de Hamburgo para instalarse en la bahía de Frutillar.

En los primeros años, los colonos originarios de los diversos territorios, burgos y reinos germánicos de Europa Central, se esforzaron en la ruda tarea de transformar una geografía de tupidos bosques para cultivos agricolas de subsistencia. Las chacras asignadas por el gobierno de Manuel Montt se comunicaban por vía marítima con Puerto Chico en dirección sur y Muñoz Gamero al norte. Con el tiempo, se han desarrollado en torno a Frutillar, sectores de la producción agrícola, pecuaria, forestal, la industria maderera, la agroindustria y la artesanía. Desde principios del siglo XX, y reforzado por la llegada del tren y las rutas viales, se instalan los servicios, se densifica la industrialización agropecuaria, para recientemente agregarse, la expansión turística e inmobiliaria.

A lo largo de la historia, las culturas originarias y europeas se entremezclaron favoreciendo con ello la evolución productiva y diversidad social. Por su parte, el Estado ocupó un rol promotor del desarrollo económico y social, contribuyendo decisivamente al surgimiento de la infraestructura y comunicaciones, los servicios básicos, la educación y la salud. En la actualidad, la dinámica del desarrollo local tiene como protagonistas al sector público y privado en diversos ámbitos, que incluyen amenazas a la identidad cultural y la contaminación de los recursos naturales y visuales, atributos que son los más relevantes de Frutillar de su trayectoria histórica.

La colonización alemana y la fundación de Frutillar

La falta de continuidad del territorio nacional motivó la preocupación del Estado por el diseño de una política de colonización europea en el sur de Chile, con el fin de utilizar productivamente esa región. La primera ley específica fue dictada por el gobierno de Manuel Bulnes en el año 1845, proceso que sería luego reforzado el año 1853, por una segunda ley de colonización del presidente Manuel Montt.

El 23 de noviembre del año 1856 se inicia con 50 familias, el poblamiento del lugar denominado «El Frutillar», «Punta Larga» y «El Macal» dando nacimiento a lo que hoy es la comuna de Frutillar. El contingente mayoritario del grupo inicial de colonos, se habían embarcado en el puerto de Hamburgo en mayo 1856, navegaron durante cuatro meses en los veleros, el «Grassbrook» y «Caesar und Helene» y llegaron a Melipulli a fines del mes de septiembre.

Las especificidades culturales de los primeros habitantes, tenían su origen europeo y habla alemana. Provenían de los reinos y estados germánicos que conformaban el Imperio prusiano y austrohúngaro en la cual, resaltaban los originarios de de las regiones de Austria, Suiza, Silesia, Bohemia, Hessen, Sajonia, Zillertal, Brandenburgo, Bremen y Württenberg. Estos habitantes van a proveer una gran riqueza y diversidad cultural en su desarrollo al borde del Lago Llanquihue desde Los Bajos hasta Punta Larga. El primer período fue de sobrevida de los colonos y se orientó a la tarea de ganarle espacio a los tupidos bosques para la producción agrícola. Ese período se caracterizó, por la creación de una economía de subsistencia, que estuvo marcada por los grandes esfuerzos de los colonos por adaptarse en medio de un gran aislamiento social y territorial.

La convivencia social adquirió importancia en la etapa más ardua de instalación de los colonos. Luego, comenzaron a crearse diversas instituciones culturales, educativas y recreativas o de beneficencia. Destacaron los clubes de lectura, canto y sociedades de mujeres que favorecían el encuentro y el intercambio social entre los colonos y que permitían la conservación de tradiciones germánicas. Tampoco faltan las diversiones para la gente joven; solía haber bailes, matrimonios, fiestas de cumpleaños y otras ocasiones parecidas. Tampoco faltaban los deportes y con frecuencia se organizaban carreras y excursiones en bote.

Los primeros síntomas de una vida comunal pueden encontrarse, cuando la familia de Christian Winkler empezó con la instalación de pequeñas industrias y el primer molino que sirvió para atraer a varios vecinos que llegaban a Frutillar con el fin de moler su trigo. Luego se instaló un destilatorio, industrializando apreciables cantidades de papas y trigo. Factor primordial fue la instalación en el año 1874 de una especie de almacén y ferretería que se levantaba al lado de la casa particular de Karl Richter disponía también de un lugar para jugar al palitroque. Con el tiempo, el negocio creció y ganó importancia. Luego instaló un molino y una cervecería propia, dirigida por uno de sus hijos, configurando una especie de centro económico. Las relaciones entre los vecinos eran estrechas y amistosas. Las familias cultivaban la vida social se formaba el Deutscher Verein en 1882 como círculo de lectura y la adquisición de una buena biblioteca. En 1883 llegó Jacob Junginger que fuera contratado por el Estado para ejercer en la Escuela de Frutillar como maestro hasta el año 1905, dándole un auge al desarrollo cultural. El surgimiento del Coro Mixto «Liederkranz», fue una de sus creaciones en 1894. Sus conciertos y representaciones teatrales representaron actos culminantes de la vida cultural de Frutillar. En 1904 surgía el «Männercor», constituido únicamente por varones aficionados a la música. En ella también tuvo una destacada participación Jacobo Junginger como fundador. Su himno era «Cantando se van las penas» canción con la cual se mitigaban las penas y añoranzas que sufrían sus esforzados colonizadores y feligreses de Frutillar.

Los colonos tenían en su mayoría una sólida instrucción profesional adquirida en sus estados natales. El bagaje de conocimientos aplicado a las explotaciones agrícolas, técnicas como la rotación trienal de cultivos y aplicación de abonos, indujeron a nuevas variedades de trigo que unidas a las nuevas técnicas de explotación agrícola, se tradujeron en un aumento del rendimiento por hectárea superior a las de la zona central del país. Se incorporó el centeno y el cultivo de la cebada que alcanzó niveles apreciables. En el rubro ganadero se importaron razas de doble propósito y de alta selección genética que remplazan las razas locales. Igualmente la crianza de porcinos adquiere creciente importancia como materia prima de la cecinería. El desarrollo agropecuario conduce al establecimiento de la agroindustria y del sistema financiero con el nacimiento del Banco Llanquihue y del Banco Osorno y la Unión en la región. Frutillar aumentó su importancia cuando Robert Klenner y Hermann Winkler, en el año 1884, fundaron una curtiembre, la primera de la región del Lago, y que fuera muy cotizada en el círculo de todos los vecinos cuando fuera ampliada en forma notable gracias al trabajo intensivo y experto de varios curtidores europeos y complementada con una zapatería y un negocio de venta de artículos de cuero. El rápido desarrollo de Frutillar en el sentido económico y cultural continuó en 1892, cuando se inauguró el nuevo y hermoso edificio escolar.

En los primeros días de octubre de 1893, el volcán Calbuco entró en fuertes erupciones, produciendo mucho pánico entre la población, no sólo del sector de Ensenada, sino también en todas las familias que vivían alrededor de los lagos Todos Los Santos y Llanquihue.

Villa Frutillar: capital y comuna autónoma

En 1893, el Gobierno otorgó a Frutillar, el reconocimiento y privilegio de ser sede de una Comuna Autónoma, formando así, el Departamento de Llanquihue, junto a las otras dos comunas de Puerto Montt y Puerto Octay. «El Frutillar» se transformaba en capital de comuna y adquiría oficialmente el nombre de «Villa Frutillar». El primer alcalde la nueva Municipalidad fue Luis Niklitschek. En aquella época la comuna de Frutillar abarcaba el territorio comprendido entre la desembocadura del Río Negro al Río Rahue (8 km al sur de Osorno) hasta Puerto Varas, incluyendo Fresia. Ella comprendía una vasta superficie geográfica que incluían las subdelegaciones de La Laguna y Río Negro con una población total de 8534 personas. De esta manera, el departamento de Llanquihue, reunía un total de 21.212 habitantes en el año 1903.

Los primeros comicios municipales para llenar los cargos correspondientes a la Municipalidad de Frutillar se efectuaron el 17 de marzo de 1894 e igualmente fue designado por el Supremo Gobierno don Carlos Richter Sch. en el cargo de Subdelegado de Gobierno en la Comuna de Frutillar.

El crecimiento económico

Hacia el año 1900, Frutillar vivía su mejor época como Centro Económico. Los Almacenes Richter lucían magníficamente en su nuevo edificio inaugurado en 1895 y era posible encontrar todo tipo de aprovisionamiento. Igualmente, la Curtiembre Winkler, la Herrería Hechenleitner y el molino de Adolfo Richter entraban en actividad. La gran Empresa «Chile-Argentina» había instalado una sucursal con enormes depósitos. Las familias Winkler, Klocker y Richter compraban vastos terrenos en la parte interior del territorio. Dos hoteles modernos habían sido construidos. Hermann Winkler había empezado ya con su fundición de fierro. Los hermanos Alwyn y Reinhold Winkler daban vida a una industria maderera a vapor; y en Punta larga se levantaba la carrocería de Christian Wetzel y Nannig. La navegación alrededor del Lago Llanquihue era floreciente. Alrededor de 70 veces las embarcaciones tocaban puerto cada mes en Frutillar y éstas transportaban en total alrededor de tres mil pasajeros y 8000 bultos de carga que atracaban en tres muelles. Cada uno poseía una bodega para almacenar la mercadería de origen agrícola, consumo doméstico y una variada gama de productos necesarios para la actividad económica. Los caminos eran inexistentes o sólo senderos parciales al borde el lago. Todo el transporte de productos agrícolas, comercio y de pasajeros se realizaba en barco. Para ello, los campos que colindaban con el Lago habían construido muelles propios con el fin de facilitar el transporte. Cercano a ello, nacieron también las bodegas en las cuales se protegía la carga y descarga de las mercancías, ya que los horarios y a veces los días no eran certeros. Igualmente, ello permitía guardar los productos de los vecinos y protegerlas de las contingencias del tiempo. Por el Lago Llanquihue navegaron tres balandras, trece goletas, lanchas y nueve vapores, en los que se cuentan «El Enriqueta», «El Clara», «El Llanquihue», «El Colonia», «El Santa Rosa», «El Bajos», «El Correo», «El Cóndor» y «El Chile». En los muelles del Lago Llanquihue se embarcaban los interesados en viajar a Argentina. Luego desde Pto. Varas, las embarcaciones realizaban un romántico viaje, que tenía como destino intermedio el Hotel Ensenada, para continuar al día siguiente en carroza tirada por caballos a Petrohué en donde nuevamente se alojaban para navegar al otro día en las aguas del Lago Todos los Santos y pernoctar en Peulla. Desde ese lugar, otra carroza con caballos los llevaba finalmente a Bariloche. La navegación se realizaba durante todo el año. Sin embargo con la temporada de verano, el flujo de pasajeros se incrementaba y con ello, también el número y la frecuencia de los barcos.

A partir de año 1908 se instaló la Empresa de Teléfonos de Llanquihue en Puerto Chico con una comunicación permanente que permitía las transmisiones entre localidades de Frutillar, Pto. Octay, Los Bajos, Pto. Varas, Nueva Braunau y Pto. Montt. A principios de siglo, la importancia de Los Bajos y Quebrada Honda era considerable y estos dos poblados de la comuna tenían una intensa actividad. Era el lugar en donde pernoctaban los viajeros que cubrían el trayecto entre Osorno y Pto. Montt. Ambos pueblos disponían de Hoteles que permitían alojarse a los visitantes en sus largas horas de transporte a caballo o en carreta de la época.

El progreso de la construcción de caminos, la generalización del transporte en carretas con yuntas de bueyes y la llegada del ferrocarril acarrean transformaciones con la introducción de maquinarias agrícolas, abonos, cultivos agro-industriales, al igual que una orientación hacia una ganadería de selección. En 1910, aserraderos, molinos, lecherías, talleres e industrias agroalimentarias enriquecen el borde de la laguna Llanquihue. El colono comienza a llevar una vida holgada aunque ganando poco. En un primer momento, el colono del Llanquihue pide préstamos y accede al crédito gracias a las cajas hipotecarias que florecen en Chile desde 1865, debido a la integración del país al circuito monetario con el Banco de Llanquihue y luego, por el Banco Osorno y La Unión fundado en 1910.El trigo fue siempre cultivado a pesar de los inviernos lluviosos y de la pobreza de los suelos enriquecidos con los abonos de hueso fabricados en el lugar. A fines del siglo XIX, el trigo cubre decenas de hectáreas en las grandes propiedades de los Llanos y la Laguna. Entre 1890 y 1902, el trigo se vendía a buen precio a las destilerías locales. En 1908 se hizo sentir el repunte en precio de este último y en demanda como respuesta a la escasez nacional. Hacia 1920, el rendimiento fluctúa alrededor de 20 quintales por hectárea, el doble del rendimiento de las provincias centrales. El centeno era una exclusividad germano-chilena. La cebada, a su vez, alcanzaba niveles apreciables, debido al aumento extraordinario de producción de las malterías de Valdivia, entre 1872 y 1893. La papa es originaria de la región y el cultivo principal desde Chiloé hasta Valdivia, y que en 1909 alcanza a la mitad de la producción nacional. El lino introducido en Chile desde el exterior alcanzaba una excelente reputación en el mercado de Hamburgo hacia 1910. Pero la verdadera vocación de la región, es la ganadería. Se crían porcinos y bovinos de mucho mejor rendimiento que los cultivos agrícolas. Las manadas de bueyes ñatos o lagartos descrito por Philippi en los años 1850 son substituídos por importantes rebaños destinados a la producción de carne y de leche, no obstante la competencia argentina y los altos precios del transporte a la zona central. De 1870 a 1909, la masa de ganado bovino de Valdivia y Llanquihue pasa de 60.000 cabezas a más de 300.000. Llanquihue exporta en 1909, 2350 quintales de mantequilla y provee, en 1926, el 75% de la producción nacional. El borde del Llanquihue es también apícola y en 1870 hay 30.700 colmenas y la exportación de miel alcanza 12.000 quintales anuales. El trabajo familiar es ritmado por la actividad campesina. De octubre a marzo, la atención se concentra en juntar el ganado, marcarlo y organizar la ordeña; de mayo a septiembre, es la época de las siembras; en febrero, es la cosecha y enseguida se desentierran las papas. Sigue la recolección de manzanas para la fabricación de chicha. La esquila es en octubre y la recogida de miel ocupa los meses de octubre a enero. La granjera se preocupa de las provisiones para el invierno con el cerdo ahumado, el tocino, las salchichas y el chucrut según la tradición alemana. Prepara igualmente el ñachi indígena con chalote, ají, cebollas, perejil y sangre de cordero. Ella fabrica el pan de centeno, la mantequilla y el Kuchen.

La identidad cultural

Los hogares de las familias alemanas guardan celosamente sus tradiciones arraigadas en la nueva realidad. Una habitación jamás lujosa, pero siempre confortable y mantenida en un orden irreprochable. En ella, uno se siente a gusto y acogida para enfrentar los inviernos lluviosos que resultan interminables. La decoración es alemana, con árboles genealógicos y retratos de familia en sus muros que son completados por adagios y refranes que glorifican el trabajo y alaban a dios. Cocina y comedor son uno solo; el salón recubierto de maderas claras en donde todo es orden y limpieza sólo se abre para las visitas y las reuniones dominicales. Hay flores en las ventanas, cortinas bordadas a crochet que dejan pasar la luz y los olores son múltiples en el cual se identifican la miel, la leche y el humo del fuego de la cocina. Las familias relacionadas por el trabajo, la vecindad o el parentesco se visitan. Ello es la ocasión para el intercambio de noticias de otros colonos locales o provenientes de Alemania. Igualmente es la ocasión para entonar un Volkslied (canción popular), tocar acordeón o hacer funcionar un piano que va a animar los bailes alegres y llenos de energía. Los acontecimientos jamás se pasaban por alto. Los santos y cumpleaños eran motivo de una reunión de la parentela y los amigos en torno a un asado, cerveza, chicha y Kuchen. El matrimonio era un acontecimiento solemne en el cual el colono y su pareja entraban con pleno derecho a la comunidad, lo que se asociaba a la fecundidad de la tierra y de las personas. Los funerales expresaban la cohesión y solidaridad del grupo, en la cual el elogio fúnebre era pronunciado, en la mayoría de las veces, por el maestro de la escuela y escuchado con el mayor recogimiento. La rudeza de las condiciones de trabajo, el aislamiento autárquico y ambiente de la colonización van a desarrollar formas de vida y de cultura conservadoras basados en el trabajo, la familia y la propiedad que van a exaltar y perpetuar valores intangibles conforme a las experiencias de los antiguos que acarrearán con el tiempo un cierto bloqueo cultural que hará más complejo la adaptación al mundo moderno, evolutivo y sin enclaves de los habitantes de «Villa Frutillar».

La construcción de la Escuela Alemana Frutillar en 1906 fue motivada especialmente por el resguardo de los intereses de las numerosas familias del territorio, cuyos hijos no podían visitar escuela alguna. Fue así que en 1913 se inauguró un internado para los alumnos cuyos padres residían fuera de la Comuna. Su objetivo era dotar al pueblo de Frutillar de una institución de enseñanza que al mismo tiempo prolongara las raíces culturales de origen germánico para los habitantes establecidos en el lugar y mantuviera el idioma. Los orígenes de la escuela de Frutillar se remiten al preceptor ambulante Federico A. Krefft quien había iniciado sus clases en los primeros días de septiembre de 1859 en un local cedido por don Enrique Kuschel y que funcionaba esporádicamente. En 1869, la escuela de Frutillar iniciaba su funcionamiento regular con 28 alumnos en un local muy estrecho. En vista de que la instrucción impartida por la escuela fiscal no satisfacía a la colonia, el profesor Junginger propuso la fundación de una escuela alemana. Bajo su dirección, fue éste un colegio ejemplar, cuyo prestigio atrajo a niños de otros lugares. En 1906, se iniciaron las clases con 50 alumnos, en 1918 tenía 166 alumnos distribuidos en 6 cursos y atendidos por 5 profesores. En 1922 alcanzaba una matrícula de 180 alumnos.

En 1908, la sede de la comuna de Frutillar fue trasladada a Puerto Varas. Igualmente, la situación cambia con la construcción de la red ferroviaria. En 1910, se inicia la instalación simultánea de durmientes desde Osorno y Pto. Montt. En 1913, los dos trabajos se unirían a la altura del Burro, a unos 6 km al norte de la actual Estación de Frutillar Alto. Todo un ceremonial iba concluir los trabajos con la colocación del «Clavo de Oro» que simbolizaba el término de los trabajos. El 20 de mayo de 1913, los frutillarinos verían pasar el primer tren de carga por la Estación que uniría el tramo entre Pto. Montt y Osorno. Tal hecho iba a tener implicancias para el futuro de Frutillar. El Ferrocarril terminaba con el aislamiento terrestre del territorio y permitía un fluido desplazamiento de mercancías desde y hacia otras regiones del país. Como consecuencia de ello, comenzó a desarrollarse una intensa actividad de transportes en torno a la estación de Ferrocarriles del Estado, lo que conformaría paulatinamente nuevos asentamientos humanos, dando como resultado las localidades de Frutillar Alto, Casma y Pellines.

Las nuevas vías de comunicación y la derrota de Alemania en la primera guerra mundial iniciaron un período de estancamiento económico del «antiguo Frutillar». La excepción a esta tendencia, las constituyeron, la ampliación y modernización de la fábrica maderera en Punta Larga de Reinaldo Winkler en 1906, la nueva Maestranza de Fernando Hechenleitner fundada en 1903, la maestranza y el taller de maquinarias de Ernesto Weil Hube camino a Punta Larga. Igualmente, se instala en 1915, la planta productora de corriente eléctrica de Federico Siebert T. que proveía de luz y fuerza a la localidad y los alrededores de Frutillar. En sus inicios, la central era hidráulica a partir de un tranque que bloqueaba el agua proveniente de una quebrada, formado por un dique antes de desembocar en el Lago. Con posterioridad, la central comenzó a funcionar con una caldera. Ella producía un volumen limitado de energía, lo que permitía su utilización exclusivamente durante la noche y sólo de luz eléctrica doméstica para las habitaciones.

Después de la quiebra económica de la Empresa «Chile-Argentina», nacieron algunos negocios de menor importancia en el antiguo Frutillar, no todos de larga vida. Nombramos a Karl y Felix von Bischoffshausen que tenían una tienda múltiple con abarrotes, clavos, zapatos; la tienda de abarrotes de la sociedad de Guillermo Sunkel y Germán Weil, que funcionó en la primera mitad del siglo XX; la tienda de Guillermo Fischer; Arnoldo Vyhmeister; la ferretería Kusch y Hechenleitner; la carnicería Krause en el centro de Frutillar; Ottmar Scheel con su almacén para repuestos de automóviles y camiones. Adolf Richter construyó, en Frutillar Alto, un nuevo almacén y un molino en 1925, que fuera destruido por un incendio en 1949. Dos años después, un molino de menor importancia, que pertenecía a las familias Klocker y von Bischoffshausen, fue también consumado por las llamas. Con la irrupción del transporte motorizado se formó de por sí la necesidad de instalar algunos talleres de reparación de automóviles. En 1934, empezaron con un taller los hermanos Vyhmeister y Heriberto Hesse, más tarde se agregó el taller de Arturo Toirkens y que trabajaban en Frutillar Alto. En 1933, Ernesto Weil Hube y Rodolfo Hebel, procedieron a instalar la fábrica de Chuños «Nieve». Esta es una de las primeras empresas agro-industriales de impacto en la producción agrícola local. Estaba ubicada en el camino a Pta. Larga y utilizaba un procedimiento que le permitía elaborar almidón a partir de una materia prima agrícola original y abundante en la zona: las papas. De ella se obtenía un derivado que era utilizado como un insumo para la industria alimenticia y textil. En 1934, se crea la Cooperativa Agrícola de Frutillar Alto y que le aporta un nuevo auge al desarrollo económico de Frutillar. La CAFRA servía como intermediaria en la venta de los productos agropecuarios de sus socios, prestando al mismo tiempo sus consejos en la compra de abonos e insumos a sus socios que iban acompañados de asistencia técnica en algunos casos. Los agricultores de la región se cooperaron con el fin de incrementar sus posibilidades productivas y comerciales, hecho que sirvió a muchos de ellos, como motivo para mejorar sus establos y dedicarse al mejoramiento de la crianza del ganado. Su rubro principal era el aprovisionamiento de materiales, herramientas, equipamiento y servicios para la agricultura, lo que la convirtió rápidamente en el centro de la actividad comercial de Frutillar Alto.

Otras industrias se instalan a partir de 1940 y comienzan a redibujar el ocupamiento del territorio en torno a la Estación de Ferrocarriles. Queremos mencionar la herrería de Efraín y Arturo Cárdenas; la Maestranza y fundición de Alejandro Valenzuela e hijo; Rosamel Neira; los Almacenes de Santos Rivera; Federico Hönicke, que administraba una sucursal de la tienda Richter y el Molino; Tomás Vidal; Simón Adel; la librería Catalán; el negocio de artículos eléctricos de Luis Jaramillo; la farmacia de Víctor Muñoz; las firmas dedicadas a compra-venta de los Pincheira; la bodega de Luis Engdahl; Alfredo Daetz F.; el Hotel y la carnicería Krause con su bomba de bencina forman parte de las instalaciones de la primera parte del siglo XX. En 1941, el Banco del Estado de Chile abre una oficina. La creación del Club Aéreo de Frutillar en 1953 permitió igualmente un reforzamiento de las comunicaciones.

Las construcciones en madera y el estilo arquitectónico

Al iniciarse el siglo XX, la «Villa de Frutillar» se encontraba en plena expansión agrícola y nuevos flujos de inmigrantes de familiares y consanguíneos de los primeros colonos comenzaban a producirse. El estilo arquitectónico de las antiguas casas de Frutillar se inspiró en la construcción alemana del siglo XIX, que era la única referencia de vida de los colonos. Las características de las casas eran de gran capacidad. Usaron formas arquitectónicas de su patria de origen, pero las adaptaron a las condiciones propias de las regiones australes. Con las maderas nobles que encontraron en el bosque chileno construyeron casas de dos pisos de planimetría concentrada para el mejor aprovechamiento del calor. Los techos de fuertes pendientes debían servir de protección contra las intensas lluvias. En las primeras décadas del siglo XX nacieron en Frutillar un conjunto de construcciones que dieron vida a una arquitectura caracterizada como «de las casonas alemanas». Estas eran de un gran tamaño y su diseño exterior se inspiraba en las construcciones de algunas regiones agrícolas del sur de Alemania. Estas casas se caracterizan por tener un techo de estilo alpino, o quebrado para defenderse de las contingencias climáticas. Las casas más distinguidas tenían un frontón arcado y tablillas que reflejan bien una relación con los parajes de los lagos alemanes en la frontera con Suiza y Austria. El estilo continuaba con la imitación en la parte principal (frente) de una edificación que sobresale de la línea de construcción agregando un volumen general. Este último, no es un volumen habitable, sino un frontón decorado con la figura del palillaje alemán y arcado, lleno sólo en lo que corresponde al frontón. Generalmente, estas construcciones se apoyan en dobles pilares en cada una de sus esquinas para seguir hasta el suelo con una saliente volumétrica que rompe con tal fuerza la fachada que el volumen central se vuelca y se enfrenta, dando cabida a que en el primer piso se produzca un pórtico que es corredor y que se anexa al pórtico de acceso como dos alas que amarran la fachada cobijando el acceso. Estas construcciones fueron: las de Pinninghof, Edmundo Winkler, Galle, Federico Sunkel, Daniel Weil, Alfonso Kuschel y otras. Igualmente, un segundo tipo de construcciones, tiene características más sobrias ligadas a una función de casa patronal de propiedad agrícola. En ella, la habitación integra las funciones de bodega de guarda de productos. Este tipo de construcción dispone de las mismas características en cuanto a la fuerte pendiente del techo, son más austeras en construcción y no tienen las decoraciones de la arcada con las tablillas, ni tampoco los pararayos. Se le agrega a este tipo de casas, un subterraneo y/o bodega de guarda de productos para el conjunto de la sobrevida de la granja o fundo.

La arquitectura de los años 1950 y 60 se distingue de las anteriores. Las casas se caracterizan por ser de carácter mixto, en la cual se combina el hormigón y chimeneas en piedra laja que se asocia en forma armónica a la madera. Ejemplo de estas construcciones son las de los arquitectos Biscupovic y Edwin Weil expresadas en los propietarios Marlies Sunkel, Municipalidad de Frutillar, Bernardo Scheel, Arturo Toirkens, Heriberto Plass, Universidad de Chile, Instituto Alemán, Liceo Industrial Chileno-Alemán, Hostería de Frutillar, casa Harbard, el cuartel de la 2ª y 4ª Cía de Bomberos construidas hace ya más de 40 años.

Las consecuencias de la IIª Guerra Mundial

El intercambio comercial entre Alemania y Chile sufrió una grave reducción en los años de la gran depresión. En 1933, las exportaciones chilenas a Alemania no pasaban de 20 millones de marcos. La segunda guerra mundial no fue neutra en el desarrollo de Frutillar. El resurgimiento de Alemania en los años 1930 fue visto con simpatía por los colonos y descendientes de éstos. Comenzaba a revertirse la humillación impuesta al Reich por los vencedores de la Iª Guerra en el Tratado de Versalles y que había colocado de rodillas a Alemania con las excesivas obligaciones de las compensaciones por daños y reparaciones de guerra. Un nuevo y abundante flujo económico y de intercambio de relaciones de personas surgió entre la nueva Alemania y el sur de Chile en ese período. Muchos descendientes de colonos se comprometieron con el envío de recursos financieros para ayudar a la reconstrucción del aparato productivo y la madre patria. En los años siguientes, el intercambio aumentó considerablemente. La exportación de materia prima chilena retomó su antiguo volumen y los productos alemanes representaban el 25% de las importaciones chilenas. Alemania ocupaba el segundo lugar en el comercio exterior de Chile, a escasa distancia de los Estados Unidos. En la década de 1930, los lazos culturales existentes con Alemania se reforzaron con la llegada de nuevos profesores y pastores alemanes a Frutillar que asumieron nuevas actividades comprometidas con la situación de Alemania en Europa. El alineamiento de los descendientes de alemanes con el régimen nacional-socialista y la derrota en la IIª Guerra Mundial traen como consecuencia una reducción del comercio. La compra y venta de productos por parte de personas y empresas se hizo extremadamente difícil desde los años 1940. Las familias y las empresas que figuraban en la lista negra y que aparecían apoyando al régimen nacional-socialista no se le vendían los productos de primera necesidad, ni tampoco se comerciaban insumos u otros productos terminados. Sólo con el surgimiento de Alemania Occidental se reanudaron las actividades comerciales. La década de los años 1950 y los 1960, fue el período de las grandes Obras Públicas en la región. Se construyeron los edificios de Correos de Chile, el Gimnasio Fiscal, el cuartel de la 2ª y 4ª Compañías de Bomberos, la Hostería de Frutillar y se finaliza la red caminera.

El 22 de mayo del año 1960, el calor de aquel domingo era insoportable y superaba los 27 ºC. Dos grandes terremotos de hasta 9,5º Richter, zamarrearon el suelo con una violencia desconocida hasta la fecha, que no dejaba a nadie desplazarse en dos pies. La gente corría a refugiarse en las alturas temiendo un desborde del Lago Llanquihue. Minutos después, el panorama era desolador. Había grandes desniveles de tierra y grietas por todas partes. Construcciones y galpones derrumbados. La bodega de la CAFRA se había desplomado. La subida al cementerio se desmoronó y el camino quedó cortado. En Chuños «Nieve», un tranque alimentado por una quebrada, cedió y arrasó con el taller mecánico, los vehículos y construcciones de la fábrica. Toneladas de agua y una avalancha se llevaron más de 500 metros cúbicos de leña a la bahía y flotaban en el Lago. Terminado el movimiento sísmico, el Lago Llanquihue se retiró unos 60 m. y una ola cubrió completamente la ribera y subiendo hasta el borde mismo del molo. Las viviendas habían sido sacudidas, las cañerías de agua potable y gas se habían reventado, las grietas en el pavimento de la costanera alcanzaban dos metros. Se interrumpieron las comunicaciones, se inutilizaron las industrias, las vías férreas, los puentes y caminos. Cambió la geografía en varios sectores. El post-terremoto abre paso a tiempos de expansión de la infraestructura y de reconstrucción de obras y servicios públicos dañados. El Centro Forestal Experimental de la U. de Chile se constituye a partir de una donación de 33 hectáreas de Bosque Nativo realizada por Edmundo Winkler a la Universidad de Chile en los años 1960. En ella se realizarían las prácticas de los Ingenieros Agrónomos y Forestales con una actividad de difusión y protección de las especies nativas. En el mismo período, se crean las Cecinas Frutillar y los Transportes Arismendi que van a ser empresas emblemáticas en el sector de fabricación de cecinas, el transporte y la construcción. En 1968 nacen oficialmente las Semanas Musicales a iniciativa de Arturo Yunge y algunos amantes de la música clásica que habían comenzado a practicar en sus semanas de vacaciones en la ciudad. En el Instituto Alemán y en bancas de madera se desarrollaron las primeras presentaciones. Hacia finales de la década de los años 1970 es fundado el Club de Pesca y Caza por un grupo de aficionadas a los deportes marinos, la pesca deportiva y la caza. La apertura al comercio exterior de los años 1975 y 1976 va a impactar fuertemente la estructura de los cultivos agrícolas, la agroindustria y el sector pecuario de la región. Se terminan los subsidios a la agricultura y el poder de compra de reduce afectando por varios años un deterioro de los términos de intercambio entre agricultura e industria, entre productos de origen agrícola local y los urbanos metropolitanos, y entre productos agrícolas locales e importaciones del exterior. Hacia la década de 1980 pocas eran las nuevas iniciativas que surgían. Finalizaba el arriendo de la industria procesadora de lácteos de CAFRA a la empresa Lechera del Sur y los cooperados retomaban directamente la explotación, colecta y venta de la leche de sus predios. Cierra la Tienda Richter, que fuera durante un siglo el termómetro de la pujanza de Frutillar. En 1984, se terminaban los trabajos de construcción y se inauguraba el Museo Colonial Alemán de Frutillar. Este museo al aire libre representa las edificiones típicas de aquella época de la colonización, con la recreación de la fuerza hidráulica, la trilla a la antigua y la herrería para el mantenimiento de los caballos como fuerza motriz de transporte y producción. Igualmente, la pavimentación de los caminos que unían Frutillar con Tegualda y Pto. Octay iban a mejorar sustancialmente el transporte de ganado, la colecta de leche y la comercialización de los productos agrícolas en general.

En las últimas décadas, el turismo va a experimentar una significativa expansión con la construcción de las cabañas Musik Strasse; los complejos turísticos de La Araucana y Caja Los Andes; los hoteles Salzburg y Elun; la refacción de antiguas casonas de habitación para hospedaje como el Frau Holle, Bauernhaus y Amadeus; el Salón de Té Lavanda y la finalización del Teatro del Lago.

Conclusión

El surgimiento de Frutillar, en su componente de influencia germánica, se debe a la convergencia de tres factores que dicen relación con: el exterminio del pueblo Huilliche realizada por la colonización española que habitaba hace cuatro siglos atras la rivera del Lago Llanquihue, la crisis que vivía Europa central a mediados del siglo XIX con la fuerte presión a la emigración del viejo continente y la necesidad geopolítica del Estado de Chile de darle continuidad al territorio nacional en la región, ya que se encontraba deshabitado. La presencia de estos factores posibilitó una política de colonización del territorio de la laguna del Llanquihue por parte del gobierno de Manuel Montt y Antonio Varas con la inmigración de familias provenientes de los Imperios de Prusia y Austro-húngaro al sur de Chile.

Los desafíos de Frutillar en la actualidad, se relacionan con la superación de tres contradicciones centrales. Por un lado, el fuerte crecimiento poblacional de la última década que ha ido acompañado de un estancamiento agrícola, pecuario y agroindustrial que no logra compensar una dinámica de absorción de la fuerza de trabajo, generando segmentos crecientes de exclusión laboral que no logran ser compensados por el emergente sector turístico. Por otro, la especulación inmobiliaria en torno al borde lago que presiona el valor de la tierra a costos inalcanzables para la producción agropecuaria tradicional y acelerando la contracción rural. Finalmente, persiste la contaminación de las aguas del Lago Llanquihue, debido a la explotación salmonera en Playa Maqui, Quilanto, Quebrada Honda, Totoral y el borde de la precordillera del Lago, que se conjugan con la agresiva incursión de las empresas publicitarias que intentan mercantilizar la costanera de la ciudad con una contaminación visual de los volcanes y el Lago.

Von den Organisatoren des Treffens erstellte Zusammenfassung in deutscher Sprache.